Desde que el ser humano es un ser pensante ha buscado incesantemente una explicación para cada interrogante que ha surgido en su camino, en especial los fenómenos de la naturaleza, cómo funciona el cuerpo, por qué se producen las enfermedades y cómo curarlas. Los primeros avances de la humanidad se producían muy lentamente, tardaban cientos de años en generalizarse y realizar nuevos progresos, mientras que actualmente el desarrollo tecnológico y científico se produce de manera mucho más rápida y su difusión al resto del mundo es inmediata.

Platón fue el primer pensador que distinguió claramente entre conocimiento vulgar (doxa) y conocimiento científico  (epísteme). El primero se basa en la opinión. Todas las personas lo poseen en mayor o menor grado y surge de su propia experiencia. 

El conocimiento científico en cambio se define como aquel conocimiento racional, verificable, objetivo, sistemático, general, cierto o probable, homogéneo, obtenido metódicamente, y susceptible de ampliación, rectificación y progreso. La Ciencia es racional porque utiliza la razón como instrumento esencial en todas sus etapas. Sus afirmaciones deben poderse probar, verificar empíricamente y aspira a que sus conclusiones vayan acompañadas de certeza. 

No es el carácter de verdad o falsedad lo que diferencia al método vulgar del método científico, sino la forma, los pasos realizados hasta que se ha arribado a los resultados.

El término medicina proviene del latín y hace referencia a la ciencia que permite prevenir y curar las enfermedades del cuerpo humano. Al principio de la civilización, 4000 años a.C. la medicina Mesopotámica estaba basada en la magia contra los espíritus malignos de los que el hombre tenía que ser protegido mediante conjuros para exorcizar al demonio y sacarlo fuera del cuerpo. Por esos tiempos se consideraba el mundo lleno de malos espíritus que atacaban a los mortales. Las enfermedades eran por tanto debidas a un demonio que había penetrado en el cuerpo del paciente. A lo largo de los siglos hemos recorrido un largo camino, hasta llegar a la medicina actual con sus avanzados métodos de diagnóstico y tratamiento.

Desde hace algunas décadas el número de investigaciones médicas se ha incrementado de forma acelerada, facilitado por los avances en la tecnología aplicada a la medicina, es en este contexto donde surge la llamada medicina basada en la evidencia.

La Medicina Basada en la Evidencia

es la utilización consciente, explícita y juiciosa de la mejor evidencia científica clínica disponible para tomar decisiones. Se entiende por evidencia la certeza manifiesta sobre una cosa que elimina cualquier duda racional sobre la misma.

Medicina alternativa es un término que se usa para referirse a aquellos productos y prácticas médicas que se considera no pertenecen a la atención médica convencional.

En medicina alternativa se usan, muy a menudo, productos o procedimientos dietético-nutricionales que se encuentran fuera de las prácticas consideradas como habituales o estándares y desconocemos su eficacia y seguridad. Y esto es así porque no han sido sometidas a ningún estudio riguroso que acredite o desacredite su utilidad. Las llamadas terapias alternativas nunca pueden sustituir a ningún tratamiento médico cuya eficacia y efectividad ha sido probada por un proceso de investigación en donde no sólo se toman en cuenta estas características, sino también que sus posibles efectos secundarios no pongan en riesgo la vida del paciente y que sus beneficios superen sus desventajas. Y no puede hacerlo simplemente porque no existe evidencia alguna de que sean eficaces o de que no produzcan daño en lugar del beneficio que persiguen.

El peligro de estas terapias no convencionales radica, por lo tanto, en la pérdida de la chance de curar una enfermedad real al optar por estas terapias sin sustento, y en exponerse a los efectos colaterales que, al no estar debidamente estudiadas, son imposibles de predecir.

Hemos recorrido un larguísimo camino para llegar al punto en que estamos hoy, en que vacunas, antibióticos y quimioterápicos están al alcance de nuestra mano y podemos contar con ellos para prevenir o curar enfermedades. Negar esto es retroceder, ignorar siglos de perseverante avance y darle ese lugar a las supersticiones primitivas, la pseudociencia y el curanderismo. 

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