Mis abuelos maternos se conocieron en el pueblo (Kopychintsy), en Polonia. Aunque tenían el mismo apellido (Katz) NO ERAN PRIMOS. Mi zeide era 12 años mayor que mi bobe, y antes había sido novio de la hermana mayor de ella, q lo dejó por un candidato más acaudalado.

En el año 1936, de novios y comprometidos, mi zeide decidió emigrar ante la falta de trabajo y el creciente clima de guerra q se avecinaba. El destino elegido fue la Argentina, próspera tierra de oportunidades. Consiguió trabajo y ahorró hasta que dos años después pudo pagar el pasaje para su novia. Pero hete aquí que al momento de solicitar la visa para ella, le fue denegada, no una sino tres veces. 

El motivo, aunque en ese momento nadie lo sabía, era la circular Nro 11. La Circular Número 11 del año 1938 fue uno de los secretos más celosamente custodiados por el Estado argentino. Firmada por el canciller José María Cantilo el 12 de julio de 1938 y enviada a todas las delegaciones de este país en el mundo, la Circular 11 estaba destinada específicamente a detener la entrada al país de judíos europeos que huían del régimen nazi. La instrucción negaba la visa a ciudadanos de origen judío, en tiempos en que en la Alemania nazi comenzaba a maquinarse el Holocausto.

Ante esta situación mi zeide,  desesperado y decidido ya a volver a Polonia aún estando a las puertas de la guerra, un día recibió la visita de un cliente que lo estimaba mucho. Y al verlo tan triste le preguntó: 

– Qué te pasa, Juancito? (Mi zeide se llamaba Jacobo pero acá todos lo llamaban Juancito). 

El cliente era el director de la escuela Gimenez Zapiola de Floresta (en la que estudió mi papá y de la cual vivimos en frente por años).  A su vez también era sobrino de un alto funcionario del gobierno. Al contarle mi zeide lo que pasaba, prometió ayudarlo.

Dos días después la visa para mi bobe ya estaba disponible. Ella llegó el 23 de agosto de 1938 en el Kosciuszko.

 Se casaron ese mismo día, un rabino y un juez de paz los casaron en el hotel de Inmigrantes. Y tuvieron una hija, que es mi mamá.

Como la tradición dice que es de mala suerte que los novios guarden la Ketubá (contrato matrimonial judío) en su hogar, la Ketubá de mis abuelos se extravió, pero eso ya da lugar a otra historia…

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