Empezar un blog es difícil. Sobre todo para alguien que, como yo, no sabe escribir. De todos modos, lo voy a intentar.

Todos los comienzos son difíciles. Empezar el jardín de infantes. Aprender a leer. Comenzar a estudiar una carrera. Pero lo más difícil, en mi experiencia, fue comenzar a ejercer.

Me recibí de médica a los 24 años, como muchos. Rendí un examen kilométrico y difícil para conseguir un puesto de residente en Tocoginecología y lo conseguí, como quería, en un hospital municipal. Eso sucedió en el año 2000. Pero nada, absolutamente nada, me preparó para lo que vendría.

Mi primera guardia fue un día jueves, día terrorífico para cualquier residente ya que la médica interna no estaba mucho en sus cabales. Tal era así que su nombre de batalla era “La Colifa”. La Colifa maltrataba a todo lo que se ponía delante de ella, con una clase de maltrato psicópata, llevaba las cosas al límite hasta provocar terror en la víctima elegida. Que por lo general era el pobre residente de primer año, pero podía ser cualquiera. Tenía además ojos grandes y negros, profundos, expresivos, que en un mili segundo lograban su cometido: llevar a la víctima a sentirse como un ratón en la ratonera. Una mirada, una palabra, una respiración fuera de lugar, podían hacer que la ira más violenta se desatara. En un par de ocasiones llegó a la agresión física.

Era además, temeraria en su conducta como profesional. Todo hay que decirlo, tenía una gran habilidad como obstetra. Sus cirugías eran las más rápidas, sus tomas de fórceps eran elegantes y 100% efectivas (ella fue la que me enseñó a hacerlo, porque se le metió en la cabeza que mi compañera de año y yo teníamos que ser las mejores en toma de fórceps. Logró que supiera hacerlo muy bien, también que lo deteste). En otras ocasiones en que tenía el juicio más nublado que de costumbre, era capaz de poner en peligro las vidas de la madre y del feto por capricho, para correr el límite un poquito más, ver hasta dónde podía llegar.

La Colifa tenía además, poderosos amigos dentro del hospital. Amigos y aliados, lo cual hacía que ni siquiera la jefatura se atreviera a contrariarla. 

Ahora, varios años después, como mujer adulta que soy, profesional con varios años de ejercicio, y ocupando el mismo lugar que esa mujer ocupaba, me pregunto: cómo un grupo de 10 personas jóvenes pero adultas, permitieron que esta situación se prolongara años y años? Cómo no la agarramos a trompadas? No soy para nada partidaria de la violencia pero entiendo que algunas personas solo captan ese idioma.

Enseñarle a un residente de primer año es una de las experiencias más hermosas que me han pasado. Ver su evolución, su transformación en tan solo un año de tímido estudiante a médico aguerrido es realmente maravilloso. Es un año determinante para el resto de la carrera.

Yo espero ser un buen recuerdo en la vida de mis residentes. Que mirando hacia atrás recuerden alguna vez que les enseñé tal o cual cosa. Que les sirva, que les sea provechoso. Me siento un poquito responsable por cada uno de ellos. Ayudarlos a convertirse en profesionales sólidos y honestos es parte de nuestra misión, una de las partes que más satisfacción nos da.

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